Yo no moriría nunca por mis creencias porque puedo estar equivocado

- Bertrand Russell

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viernes, 28 de octubre de 2011

Creacionismo contra Evolución. O cómo se ataca un gigante con las armas de la ignorancia y argumentos malos, malísimos. Parte II

A veces los creacionistas y anti-evolucionistas de toda estirpe y confesión, han encontrado gente racional entre la feligresía que les escucha. Personas que no se conforman con el simplista “¿y porqué todavía hay monos?” y exigen explicaciones que jueguen en la misma liga que la ciencia lo hace. Así, hemos visto aparecer ese tipo de “argumentos” que suenan a ciencia, utilizan palabras prestadas de la ciencia, huelen a ciencia …. pero no son ciencia. Uno a uno fallan miserablemente ante la solidez de la Evolución de las Especies. Fallan y vuelven a fallar, y anticipo que seguirán fallando mientras sigan colocando la carreta delante de los bueyes, mientras partan de una conclusión sagrada que no puede ser contestada y se lancen a la pepena o recolección de los hechos que aparentemente apoyan esa conclusión, ignorando  aquellos que la contradicen. Así no trabaja la ciencia, en ella lo primero que necesitas hacer es limpiar la mesa de preconceptos y prejuicios, observar objetivamente los hechos y tomarlos todos en consideración, especialmente aquellos que no nos gustan, y de ahí sacar la conclusión más honesta.

Presento entonces un conjunto de malos argumentos anti-evolucionistas, directamente de la cocina de las iglesias norteamericanas y que pretenden pasar por ciencia a punta de usar palabras rimbombantes.

“La segunda ley de la termodinámica impide que exista la evolución porque ella dice que todo sistema con el tiempo tiende al caos y no al orden debido a un incremento de su entropía”

Respuesta: Cada vez que escuches a un creacionista esgrimir este mal argumento apunta con tu dedo al astro rey hasta que entienda la indirecta, o te dé oportunidad de explicarle lo que la segunda ley de la termodinámica realmente establece.

Dicha ley habla de sistemas cerrados o aislados. En efecto, prueba aislar térmica o energéticamente  una caja, una habitación o un universo y presenciaras cómo todo en su interior tenderá hacia el caos, hacia la maximización de su entropía y su muerte térmica.

Pero la Tierra, mis amigos, NO ES UN SISTEMA CERRADO! En cada momento, recibe del Sol la friolera de 174 PetaWatts (1.74x1017 = 174,000,000,000,000,000 Watts) de potencia,  suficientes no sólo para que florezcan nuestras plantas,  se muevan nuestros ríos y la evolución lleve motor fuera de borda, sino que hasta alcanza para que una especie llene el planeta de carreteras, puentes, rascacielos, mona lisas y estatuas de la libertad.

La segunda ley de la termodinámica trata sobre los procesos energéticos que no son reversibles. De esa energía que, si bien no se destruye sino sólo se transforma, sí desaparece como energía utilizable. De ese calor que se genera en las fricciones de nuestros vehículos y que ya no hay modo de recuperar. La entropía es esa bolsa, esa cuenta de la energía perdida para siempre. Pero la “indeseable” acumulación de entropía de la Tierra es compensada a cada segundo por fresca y utilizable energía proveniente del Sol, quien a su vez sólo presencia sus pérdidas, al tiempo que acumula tremendas cantidades de su propia entropía.

En la relación Tierra-Sol, la Tierra gana siempre y construye su orden evolutivo, el Sol pierde siempre y se aproxima al caos (su muerte). En la cuenta global ambos pierden y comparten destino.

“Las proteínas necesarias para el surgimiento de la vida son muy complejas. La probabilidad de una molécula proteínica ensamblándose por casualidad son remotas (1 en 10113). Es como que un tornado pase sobre un campo de chatarra y ensamble un Boeing 747. Es como que lances al aire un montón de ladrillos y estos al caer construyan una casa”

Respuesta:  Como muchos de los argumentos contra la evolución, éste en realidad va dirigido a otro campo de la ciencia conocido como Abiogénesis (aunque ellos le llamen “evolución”). La evolución es el mecanismo en que la vida se adapta al medio ambiente una vez que ya existe vida, no trata en absoluto (ni pretende hacerlo) sobre el cómo la vida se origina. Sin embargo, me tomo aquí la libertad de poner este argumento bajo la mirilla porque es comúnmente usado también para atacar la Geología, la Astrofísica y en general cualquier rama de la ciencia que ponga en aprietos los dogmas religiosos.

Este cálculo de probabilidades asume que la formación de una molécula de proteína ocurre por casualidad. Esto no es así, la Bioquímica no es un mecanismo de casualidad. Complejas moléculas orgánicas se forman constantemente en condiciones existentes en el espacio. El caldo primordial del que la Abiogénesis habla no debió ser en realidad producto del azar sino una consecuencia directa de las características específicas del planeta.

Los dados con que la naturaleza juega
El cálculo también hace la absurda asunción de “un solo evento”, un solo tornado pasando sobre la chatarra, una sola tirada de ladrillos al aire. No tiene ningún punto de comparación con los trillones y trillones de veces que el ensamblado de moléculas ocurre en un océano prebiótico y que se repite cada milisegundo. Vamos, es cierto que si a mí me dan 146 dados y los lanzo al aire, la probabilidad de obtener todos seises es de una en 4x10113. Eso es una posibilidad remotísima, del mismo orden mencionado en este argumento, cercana a la imposibilidad, si lo experimentamos en un solo evento. Pero busquemos ser justos con la naturaleza y entendamos que los átomos de carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno son eléctricamente propensos al enlace y que, si bien es cierto al ponerlos juntos no podemos esperar obtener un aminoácido “en una tirada” (H2NCHRCOOH), sí podemos obtener moléculas de agua (H2O), metano (CH4) o amonio (NH3), mucho más simples y probables de ocurrir, que no se deshacen y sirven de punto de partida o diente de trinquete para la siguiente tirada de menos dados, o mejor dicho de monedas, donde cada compuesto responde sólo a una pregunta a la vez ¿enlace con esa otra sustancia? Sí o No!

Así funciona la naturaleza, con un “sí” o un “no” a cada paso, que se acumula como información y que con el paso de enormes cantidades de tiempo ensambla complicadas estructuras.

Si a la tirada de los dados introducimos la condición de que en cada evento recogemos todos los seises, los apartamos y hacemos la siguiente tirada con el resto de dados apartando los seises cada vez, no tomará más de 30 de esas tiradas para obtener todos los seises que estamos buscando. ¿Estamos haciendo trampa? ¡Sí!  Como asímismo lo hace la naturaleza al jugar con los dados cargados del enlace químico.

“La velocidad de rotación de la Tierra está disminuyendo, por tanto el planeta debe ser muy reciente, no tan viejo  como para que la evolución haya tenido lugar”

Buzz Aldrin instalando el reflector del Luna Laser Ranging
Respuesta: Este es uno de esos argumentos seudocientíficos en los que el autor no se tomó la molestia de hacer los cálculos. Veamos, la historia evolutiva terrestre data desde la aparición de las primeras procariotas, hace unos 3,500 millones de años. La Tierra se condensó en su órbita hace 4,500 millones de años y desde entonces ha pasado por períodos de aceleración y deceleración de su rotación, gracias a cambios en la corteza terrestre y sobre todo a la transmisión de momento angular del planeta hacia la órbita lunar con cada marea. Utilizando el “Lunar Laser Ranging” cuyos instrumentos fueron emplazados en la Luna por las misiones Apollo, se ha obtenido una deceleración  promedio de 31 segundos por siglo por siglo (31 seg/cy2), lo que da como resultado una duración inicial del día de 14 horas para una edad de la Tierra de 4,500 millones de años. Tiempo más que suficiente para que la evolución ocurra.

“La tasa de cambio de X estructura planetaria o geológica es tal que indica una Tierra joven, no de 4,500 millones años como los científicos dicen haber encontrado. Por tanto no puede haber habido tiempo para que la evolución ocurra”

Respuesta: Se me ocurrió meter en un solo ítem general pues es extensa la cantidad de argumentos específicos que los creacionistas esgrimen bajo el sombrilla general de “si demuestro que la Tierra es más joven de lo que la ciencia dice, entonces la evolución es falsa”.

Y ya sea que se trate del caso de la Luna alejándose de la Tierra, el polvo cósmico que cae anualmente sobre la misma Luna, la existencia de “cometas de corto período”, la expansión de clusters de estrellas o algo por el estilo, siempre indefectiblemente se trata de un elemental cálculo mal hecho, el partir de datos obsoletos de antes de la era espacial o la simple, llana y desvergonzada invención de datos. También suelen mencionar datos ciertos (premisa verdadera) pero fallar miserablemente en la conclusión (falacia lógica) como cuando mencionan la edad del árbol más viejo, el nivel de sedimento del río Mississippi, la tasa de erosión de las cataratas del Niagara y otras, a lo que debemos contestar ¿y qué con eso? ¡Completo non-sequitur! ¿Qué tiene que ver la edad del Niagara o cualquier otro accidente geográfico con la edad global de la Tierra? Por supuesto que cualquier volcán, río, bosque, desierto son sólo “pasajeras espinillas” en el rostro geológicamente viejo de nuestro planeta.

“¿De qué sirve medio ojo? ¿De qué sirve media ala? Tal o cual estado transicional habría matado al animal” 

Respuesta:

Estadios evolutivos del ojo
Englobo aquí también todos aquellos malos argumentos que fallan en comprender la gradualidad del mecanismo evolutivo. Es casi infantil pretender que el desarrollo de un órgano como el visual, en un momento determinado implica que toda la población poseía medio ojo, o el 20%, 60%, 90% del globo ocular. Es ignorar el viviente testimonio de algunos moluscos que sensan luz por la piel, cuando otros (el nautilus) poseen un simple agujero que admite la luz hacia una primitiva retina para determinar la dirección del haz luminoso, y otros están a medio camino de desarrollar una lente. Es creer que la evolución va mágicamente guiada hacia un objetivo, y los animales deberán luchar por sobrevivir con el órgano que ella les imponga. Completamente al revés de lo que en realidad sucede: es ese medioambiente quién va moldeando órganos para que se le adapten. Es como preguntar porqué una perra no da a luz a un pollo, o esperar que aparezca un patodrilo, como vimos en el anterior post. Es fallar en comprender que nunca un animal de una especie producirá hijos de otra especie y nunca un hijo será biológicamente distinto de sus progenitores. Que para apreciar los lentísimos cambios evolutivos se necesita un medio ambiente que los presione, y cientos, miles de generaciones que transformarán una especie en otra no muy distinta. Una cadena larga y gradual donde cada indivíduo es transicional y en ninguno de ellos puedes advertir el cambio de especie a especie, como tampoco puedes advertir en qué palabra de este párrafo el magenta se volvió naranja.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Creacionismo contra Evolución. O cómo se ataca un gigante con las armas de la ignorancia y argumentos malos, malísimos. Parte I


Argumentos escuálidos contra el gigante de la realidad
Parte esencial de la ciencia es el conflicto de ideas, la discusión y los desacuerdos. Constantemente los científicos traban combates encarnizados en el ring de los “peer review journals” y en las palestras de las grandes universidades e institutos de investigación. Ningún sueño es más codiciado por un joven científico que el descubrir una “falla”, una nueva óptica o un refinamiento sobre una conocida teoría científica. Esto es especialmente cierto en el caso de aquellos campos en la frontera agreste de la ciencia, como la física cuántica y la astrofísica. Por supuesto que hay mucho debate sobre la Teoría de Cuerdas (String Theory) y su momentánea infalsabilidad; hay discusiones sobre el hipotético Bosón de Higgs; y al momento  de escribir estas líneas, hay tremendo revuelo en el mundo de la física de partículas al haberse descubierto la semana pasada neutrinos aparentemente excediendo el límite de velocidad (el de la luz) "permitido" en el universo, de acuerdo a la Teoría Especial de la Relatividad.

Hay mucha pelea y debate en esos campos de vanguardia. Pero también hay otras áreas científicas más maduras y establecidas, donde las discusiones están ya completamente ausentes. Ya nadie le discute a Newton, a Faraday, a Maxwell  o a Boyle. Difícilmente alguien en las esferas científicas pondrá en duda que una corriente eléctrica produce un campo magnético, que el volumen de un gas es inversamente proporcional a su presión, o que la Tierra orbita alrededor del Sol (aunque un gran porcentaje de la población mundial crea que es el Sol el que gira alrededor de la Tierra).

En cuanto a la Biología y su teoría central, la Evolución de las Especies por Selección Natural con sus 150 años de madurez, hay que decir que en las esferas científicas hay un debate atinente a los pormenores del CÓMO la evolución ocurre, en cuanto a este o aquel detalle a nivel celular. No existe – repito – NO EXISTE! ... controversia en la comunidad científica en cuanto a la realidad factual de la Evolución, del mismo modo que no lo existe sobre la Gravitación Universal. Que las especies van cambiando y diversificándose de acuerdo a las presiones que su medio ambiente les impone es un hecho de igual indiscutibilidad como que los cuerpos se atraen en virtud de sus masas.

Resulta trágico entonces que la Teoría de la Evolución se encuentre bajo un ataque tan feroz en los Estados Unidos de América y en los países islámicos. Resulta simpatiquísimo que las “críticas” a la Teoría de la Evolución no provengan de entidades científicas ni individuos guiados por el método científico mismo. No, las “críticas” a la Evolución vienen de los púlpitos, de las publicaciones propagandísticas religiosas, de La Atalaya y La Torre de Guardia, del Club 700, de los políticos republicanos en busca de votos, de personajes que nunca entendieron lo que ciencia significa, y por el contrario descubrieron que esa ignorancia produce buenos réditos cuando se la vende a millones que buscan justificar su propia ignorancia. Las “críticas” a la Evolución no contraponen ninguna explicación alternativa igualmente científica; lo que se propone es un regreso al mito y el pensamiento mágico, a los textos sagrados e incontestables; al universo apareciendo como un acto de magia, un hombre hecho de barro y una mujer de su costilla. Tal es el nivel “científico” que se opone a la Evolución de las Especies.

Los argumentos contra la Evolución son malos, malísimos. No sólo parecen provenir de quien nunca ha abierto un libro de ciencia sino que jinetean a lomos de la normal ignorancia y malos conceptos que lógicamente abundan entre quienes no vivimos de la ciencia y especialmente entre quienes no leen más que un libro. 

Reconociendo entonces que este no es un debate serio en las esferas serias de la ciencia, sino que pertenece acá abajo, entre ignorantes orgullosos de ignorar e ignorantes que valoran la realidad, me doy a continuación a la fácil tarea de discutir y desnudar esos malísimos argumentos y errores de concepto, comenzando por los más recurrentes.

“La evolución dice que el hombre desciende del mono …”
Arbol filogenético de los primates
Respuesta: Este tal vez sea el error de concepto más común sobre la evolución. En ningún lugar de la teoría se afirma que el ser humano descienda del conjunto de especies modernas que englobamos bajo la categoría “monos”. Lo que compartimos con el resto de primates es un ancestro común, una especie que existió hace millones de años y la cual se ramificó en diferentes especies, algunas de las cuales ya se extinguieron pero otras han llegado a nuestra época con nosotros. Ni lémures, ni babuinos, ni gorilas, ni bonobos, ni orangutanes, ni chimpancés son ancestros del homo sapiens; son más bien sus "primos" más cercanos.


“Si el hombre desciende del mono ¿porqué todavía hay monos?”
Respuesta: Aparte de padecer el error de concepto explicado en el punto anterior, esta frase denota ignorancia sobre el mecanismo evolutivo. Las especies van sufriendo modificaciones con el paso del tiempo, pero además se van ramificando cuando parte de la población es aislada del resto y sometida a presiones ambientales distintas. Un grupo de osos quedó aislado en regiones árticas hace millones de años y desarrolló gran adaptación a ese ambiente (pelo blanco, mayor tamaño, resistencia al frío extremo), pero el surgimiento de esta nueva especie –el oso polar- no hace que otros grupos de osos, que debieron adaptarse a otros ambientes, desaparezcan.

La fatuidad de este mal argumento se desnuda si le aplicamos un Reductio ad Absurdum:

Si los americanos descienden de europeos ¿porqué todavía hay europeos?
Si el idioma Español desciende del idioma Latín ¿porqué todavía hay Latín?
Si el lenguaje de programación Pascal desciende de Algol ¿porqué todavía hay Algol?
Si el oso polar desciende del oso pardo ¿porqué todavía hay osos pardos?

“Si la evolución es cierta ¿porqué se ha detenido?”
Respuesta: La evolución no se ha detenido en ningún momento. Quien esgrime este mal argumento espera ver grandes cambios evolutivos en sus pocas décadas de vida, pero sucede que en la mayoría de los casos el proceso evolutivo es tan lento que requiere millones o al menos miles de años para que los cambios sean apreciables. Con todo y ello, sí existe cambio evolutivo de cortísimo plazo en algunos casos. Los virus, bacterias y plagas desarrollan resistencia a los anticuerpos, antibióticos y plaguicidas con los que les combatimos; las mariposas nocturnas se volvieron negras entre el smog de la ciudad; los ratones de desierto adoptan el color que mejor los oculta de sus predadores.
Si alguien piensa que la evolución se ha detenido, a lo mejor su problema es con la abstracción matemática necesaria para concebir que cada millón de años = mil milenios = diez mil siglos = 1,000,000 años.

“Yo voy a creer en la evolución hasta que vea una perra dando a luz a un gato”
Respuesta: Muchos en Europa y América Latina pensarán que estoy bromeando o exagerando, pero esta es una frase que se la puede oír a grandes evangelistas y politicos en los Estados Unidos, en transmisiones de costa a costa, sabiendo que son escuchados por millones de personas y sin temor al ridículo. La ignorancia de esta gente con respecto a la más básica biología les lleva a creer que la evolución opera en cambios repentinos, y que una madre de una especie puede producir crías de otra especie perteneciente a otro orden, clase y filo. No comprenden que la evolución es un proceso terriblemente lento y gradual, y que nunca un animal podrá tener retoños de una especie distinta.

“Yo voy a creer en la evolución cuando vea un animal que sea mitad cocodrilo y mitad pato”
El Patodrilo. Lo que los creacionistas esperan ver
Respuesta: Esta es otra versión del caso anterior, el considerar que la evolución supone quimeras en las que un individuo puede ser mitad una cosa y mitad otra. Quieren ver un patodrilo o crocoduck! No solo fallan en entender la lentitud y gradualidad del mecanismo evolutivo sino también fallan en entender que éste opera a nivel colectivo en poblaciones completas, no a nivel individual. La principal falacia lógica cometida por los creacionistas es la Falacia del Espantapájaros: están peleando contra lo que ELLOS CREEN que es evolución, no contra lo que evolución realmente es. (Tan fácil que sería abrir un libro!)

“La evolución sólo es una teoría!”
Respuesta: Como ya explicamos en un post anterior, el concepto coloquial de la palabra “teoría” no es el que se debe usar cuando uno se refiere a “Teoría Científica”. Coloquialmente con lo de “teoría” pretendemos decir “conjetura”, “suposición” y hasta “corazonada”, como cuando decimos por ejemplo “tengo la teoría de que mañana va a hacer viento”, estamos queriendo decir que eso puede ser cierto o no, que eso es nuestra riesgosa e incomprometida suposición. En lenguaje científico o académico, el concepto de “Teoría” es el cuerpo extenso de observaciones, datos, experimentos, hipótesis, leyes, tratados, volúmenes, cálculos que explican un fenómeno natural. No hay nada de corazonadas o suposiciones en el concepto científico de “Teoría”, como no lo hay cuando hablamos de la Teoría Electromagnética, la Teoría Microbiológica de la Enfermedad, la Teoría Heliocéntrica o la Teoría de la Evolución por Selección Natural.

“La evolución no puede explicar cómo se originó la vida”
Respuesta: Y no pretende hacerlo. La evolución explica la diversificación de la vida a través del tiempo una vez que ya hay vida. Ese es por definición su límite. Emitir esa frase es equivalente a decir “la Teoría de la Relatividad no puede explicar cómo hacer tostadas a la francesa”.
Y es que ya hay un campo de la ciencia dedicado a estudiar los orígenes de la vida. Se llama Abiogénesis y no tiene nada que ver con Evolución más que el ser objetos de estudio científico.

“No creo en la evolución porque eso del Big Bang ... bla bla bla”
Respuesta: Aquí estamos ante un caso peor que el del punto anterior. Muchos creacionistas y antievolucionistas no sólo desconocen lo más básico de la evolución sino que llegan al punto de llamarle “evolución” a cualquier área de la ciencia que consideren contrapuesta a su dogma religioso. De modo que le llaman “evolución” no sólo a la teoría presentada por Charles Darwin y desarrollada en el último siglo y medio, sino que también ahí embuten la Paleontología, la Geología, la Antropología, y como en este ejemplo, la Astrofísica.

“En el registro de fósiles hasta ahora encontrados no hay uno solo que sea transicional”
Evolución del caballo documentada por fósiles
Respuesta: TODOS los fósiles encontrados hasta ahora son transicionales. Todos los seres vivientes son transicionales. Quien esto escribe y quien esto lee somos transicionales. El problema aquí es de nuevo un erróneo concepto sobre esa transición. Esperan encontrar una quimera como el patodrilo (crocoduck) o algo que es mitad una cosa y mitad otra. Si a lo que se refieren es a una secuencia de etapas por las que una determinada especie ha transitado en su camino evolutivo, pues existen en el registro de fósiles preciosos ejemplos como la evolución del caballo, de la ballena y del ser humano mismo.


“La evolución no es posible porque ¿cómo vamos a ser producto de la casualidad?”
Respuesta: La evolución no es casualidad. Es todo lo contrario de la casualidad. La modificación de las especies está altamente condicionada a la variación en el medio ambiente que habitan. Es ese conjunto de factores completamente exógenos a los organismos y poblaciones quienes “seleccionan” qué mutaciones serán favorecidas con supervivencia y reproducción. Hay jirafas porque hay acacias.
La Falacia del Espantapájaros ataca de nuevo.

(continuará)

domingo, 28 de agosto de 2011

Evolución. El fenómeno natural y su mecanismo

Imaginemos por un momento una manada de animales de una especie indefinida. Unos herbívoros ungulados que recorren la sabana africana en busca de pastos. Una especie sin nombre pues no hay nadie en las inmediaciones con capacidad de poner nombres (sucedió hace unos cuantos millones de años). Luego de una prolongada temporada seca, las nubes monzónicas por fin derraman vida sobre la tórrida superficie y se inicia un reality show de supervivencia. Es una plácida tarde de pasto y agua, pero repentinamente algo irrumpe en el silencio y en los nervios de nuestra manada. Levantar la cabeza, parar las orejas y dar el primer salto es un solo movimiento, y se inicia una carrera más por continuar viviendo. Como es usual, nadie vio venir a los felinos. Avanzaron agazapados negociando la distancia contra la aguda sensibilidad de las desprevenidas presas. Ahora toda la manada corre en una competencia que en realidad no es contra los tres o cuatro depredadores que les pisan los cascos. La competencia es entre las víctimas: si eres un tipo promedio o por sobre el promedio, vivirás; si eres el más lento, tu día llegó.

Una o dos presas bastan para que los felinos tengan su festín. Te salvaste gracias a no ser el más lento, a tener genes que te otorgan regular velocidad; mañana temprano te estarás apareando y haciendo pasar esos genes a una nueva generación, esa suerte no la tuvieron dos individuos esta tarde.

La manada cuenta con algo llamado “pool genético” que le otorga a todos, más o menos, las mismas características físicas. Las imperceptibles diferencias entre individuos existen debido a esa constante combinación y recombinación de genes dentro de esa específica población. Sin embargo nadie es clon de nadie, cada código genético individual es único.

Tipos de mutación que la molécula de ADN puede sufrir
Habíamos hablado del modo en que la información genética se transmite gracias a los procesos de reproducción celular, mitosis y meiosis. En ellos la molécula de ADN hace una copia exacta de sí misma, ayudada por una enzima llamada polimerasa. Esa enzima es como una maquinita copiadora que encuentra el código de cuatro letras (A,T,C y G) distribuidos en 3,300,000,000 posiciones y lo copia exactamente en la nueva molécula. Es decir, encuentra “…GTACTGATACATGACGTTC…” y escribe “…GTACTGATACATGACGTTC…”. Eso es así siempre! …. ¿O no?... bueno, la verdad es que nadie es perfecto y a veces la polimerasa se equivoca -o agentes externos como radiación o rayos ultravioleta la hacen equivocar- y podría escribir “GTACTGATACATGACGTAC”. Nótese la penúltima posición, escribió una A en lugar de una T. Si eso llega a ocurrir en un tramo que codifica genes o controla su activación, entonces lo que ha sucedido es una MUTACIÓN GENÉTICA. Esa mutación es un evento completamente aleatorio y puede producir cambios sutiles o considerables en la progenie que lo lleva.

Todas las poblaciones de seres vivientes sufren constantemente mutaciones, y nuestra manada de la sabana africana no es la excepción. Imaginemos entonces algunas de las posibles mutaciones que pueden presentarse: algunas de ellas les producen pelaje más corto o más largo, mayor o menor tamaño corporal, ojos más claros o más oscuros. A lo mejor la mayoría de mutaciones no impactan significativamente la supervivencia de los individuos que la poseen, pero hay una que en este caso debe ser vital: la capacidad de correr velozmente. Si la mutación le produce al individuo que nace con ella, mayor velocidad que la promedio, nunca caerá en las garras de los depredadores y tendrá una vida larga y con mucha descendencia. Progenie que llevará también la misma mutación de supervelocidad que su progenitor y quienes a su vez tendrán mejores posibilidades de multiplicarla. En cambio, si la mutación le produce al individuo patas más cortas o una desviación negativa con respecto a la velocidad promedio en la manada, los depredadores no le darán oportunidad a esa mutación de multiplicarse. Con el tiempo y el paso de muchas generaciones, la mutación de hipervelocidad se habrá difundido por toda la manada dando como resultado las gacelas, antílopes e impalas que hoy en día conocemos.
Mutación exitosa en la mariposa nocturna. Si no te ven no te comen.

Por su parte también los depredadores han sufrido su propio proceso evolutivo que les permite adaptarse a un ambiente donde su comida cada vez es más rápida para escaparse. En ese caso, millones de años de “positivas” mutaciones han ido esculpiendo a los poderosos leones, chitas o leopardos en una verdadera carrera armamentista -presa vs depredador- que aún continúa.

Ahora imagina que en algún momento la manada de la que empezamos hablando se divide en dos y una de esas mitades emigra a otra región donde no hay grandes felinos. Queda aislada de ellos y de sus antiguos compañeros de especie por insalvables barreras naturales, levantadas por cataclismos u otros eventos. La presión de supervivencia con base a velocidad y buen nervio deja de existir. Una mutación que agregue velocidad ya no es ventaja, y podría hasta suceder que en la nueva situación topográfica sea más útil poseer piernas cortas y fuertes que gráciles y ligeras. Podría ser que, en ausencia de predadores, la selección sexual se vuelva más importante en la transmisión de los genes y los machos desarrollen ostentosas cornamentas con las cuales impresionar a las hembras y combatir por ellas. Una mutación tal, que pudo ser mortal en medio de leones, es ventajosa en su ausencia. Con el paso de los milenios, esas dos poblaciones de ungulados derivados de una sola manada, constituirán dos especies perfectamente distinguibles.

Eso es el fenómeno de la naturaleza conocido como EVOLUCIÓN por SELECCIÓN NATURAL. El proceso en el cual enteras poblaciones de seres vivientes se adaptan a su medio ambiente, como producto de la difusión de mutaciones favorables en su pool genético y la desaparición de las que no lo son.

Así los chitas se volvieron los depredadores más veloces, los osos polares se volvieron blancos y más pesados, las tortugas desarrollaron caparazón, los camellos su “lonchera” y el homo sapiens su inteligencia. Cada especie es el resultado de las presiones ambientales y las pequeñas mutaciones genéticas acumuladas a lo largo de millones y millones de años, que les llevaron a subsistir y evitar extinción.

La evolución está ocurriendo no sólo ante nuestras narices –especies que han cambiado color o tamaño en sólo unas décadas- sino que, si estás con gripe, está sucediendo dentro de tus narices con una “manada” de rinovirus mutando y adaptándose a la depredación que tu sistema inmunológico le impone.

Esto hemos hecho en pocos siglos. Qué no ha hecho la naturaleza en billones de años?
El mecanismo evolutivo de SELECCIÓN NATURAL es tan efectivo y fácil de replicar artificialmente, que en pocos siglos los seres humanos hemos transformado nuestros animales domésticos y de granja a un grado tal que ya guardan poco en común con los modelos originales. Gran daneses de 2.20 metros de cabeza a cola, comparados con chihuahuas  de 20 cms; vacas Holstein que producen más de 8,000 litros de leche al año, caballos que corren a 80 km/hr, bananas que caben en la mano de Ray Comfort. Casi ninguna de nuestras especies de granja y domésticas o de las frutas, verduras y granos que consumimos tiene mucho que ver con las especies salvajes que las originaron. Casi todas han sido esculpidas por el ser humano utilizando la selección artificial, que no es más que la imitación de la selección natural, en busca de las características deseadas.

La evolución es un fenómeno natural, como la gravedad o el electromagnetismo. La Teoría de la Evolución es el cuerpo robusto de información que explica ese fenómeno.

Es curioso cómo el ser humano alinea sus ideologías en paquetes, dentro de los cuales a veces encuentran cabida las ideas más disparatadas y que nada tienen que ver con el núcleo central ideológico mismo. En los Estados Unidos (mi país por adopción), uno de los extremos ideológicos ha conformado su paquete con cosas tales como xenofobia, ultranacionalismo, excepcionalismo y egemonía global americana, negación del calentamiento global, antiambientalismo, antiintelectualismo, hiper-religiosidad y, derivada de esta última, un ataque encarnizado a la enseñanza de la evolución. ¿Qué tiene que ver un fenómeno natural y la teoría científica que lo explica con la conservación del status quo? Aparentemente nada, pero intentaré dar una respuesta en el futuro cercano. Comentaré sobre las misconceptions (malos entendidos) más recurrentes que en general se tienen sobre la evolución y hablaré sobre los estrepitosamente ridículos argumentos que se esgrimen en contra de ella.

viernes, 12 de agosto de 2011

Y la Tierra volverá a ser plana

Lo recuerdo como si fuese ayer. Habíamos llegado al colegio más temprano de lo acostumbrado. El sol entró con nosotros a aquel salón y comenzamos a mover mesas y a improvisar nuestro escenario. Siete u ocho adolescentes frenéticamente corriendo, deslizando nuestros cuerpos en levitas de talla ajena y nuestros imberbes rostros en ridículas barbas de peluche. Alguien revisa la check list: candelabros -¡check!, sotana cortesía del padre Chicho para quien hará de Papa – ¡check!, biblias y libros negros - ¡check!, media pelota de plástico para la cabeza del Papa-¡check!, la calavera del esqueleto de un laboratorio obtenida en préstamo después de largos trámites y ruegos-¡check! Cada quien poniendo a punto su propio atuendo a la usanza de un siglo atrás. Una cadenita me cruzaba el costado pretendiendo pasar por leontina y una mala imitación de chistera caía de mi cabeza a cada paso. Más de algún compañero había llevado hasta monóculo.

El colegio era salesiano, la clase era Estudios Sociales y los nervios eran míos. Aquella representación teatral era una buena tajada de la calificación, pero lo bueno de ese tipo de evaluaciones era que puesto que estás haciendo ver tu trabajo en las propias narices del maestro y condiscípulos, ya tienes por lo menos de partida un siete ganado. Lo “malo” es que estás en franca competencia contra compañeros que adoran competir y, en caso de ganarte, te lo recordarán hasta el día de la graduación. Hoy estarán entre el público observando en qué te equivocas y qué ideas pueden mejorar.

El tema, … ah olvidaba mencionarlo. Uno cualquiera. Simular un debate entre científicos y teólogos en una época pasada. Un debate que, tal como habíamos aprendido en clase de Biología y en E. Sociales misma, había sido una papa caliente 100 años antes. La nueva teoría de la Evolución de las Especies por Selección Natural, lanzada como cubeta de hielo entre vestido y espalda de la mojigata sociedad victoriana, por un atrevido de nombre Charles Darwin. El debate era moderado ni más ni menos que por el Papa -en nuestro inocente libreto- quien al final hacía de juez y emitía un veredicto (creo recordar que se trataba de Pio XII, quien fue el que promulgó la encíclica Humani Generis, por lo que ahora realizo que estábamos cometiendo un tremendo anacronismo al vestirnos de levita, pero bueno…).
El hombre cuya brillante observación le dió sentido a la ciencia de la vida

Como dije, el tema era cualquiera. Una de esas historias del pasado en las que las ideas modernas debieron chocar contra dogmáticos paradigmas y estructuras de poder para abrirse paso. Pudo ser Cristóbal Colón tratando de convencer a cortesanos que la Tierra es esférica y por tanto podría llegar a oriente con su proa hacia occidente, o Galileo defendiendo el heliocentrismo ante sus inquisidores. Ese tipo de historias que aprendes de modo sencillo en las aulas en la parte introductoria de cada tema. Esas que no te llevan al detalle de explicar que ni Colón ni Galileo (y ni siquiera Darwin) fueron en realidad los primeros en hacer sus propuestas, pero que son suficientes para entender la historia del conocimiento humano.  Historias de un pasado ya superado (gulp!).

Mi papel era el de teólogo, moralista y defensor de las buenas, pías y santimoniosas tradiciones de la sociedad. Sosteniendo un libro negro que simulaba ser la Biblia, pero cuya real función era esconder un papel con mis líneas, al llegar mi intervención traté de mostrarme como el más cabeza dura e inflexible de los puritanos. Desde mi picosa y ya ensalivada barba, condenaba a esos inmorales científicos del otro panel por tratar de introducir ideas peligrosas en la juventud. Ellos a su turno explicaban con terminología científica los hallazgos, las razones y conclusiones de la nueva teoría. Mi amigo "Tribilín" hablaba solemnemente de australopitecos y fósiles mientras sobaba los arcos superciliares de la calavera que sostenía en la otra mano.

El Papa Pio XII (1876-1958)
Al final, el Papa declaraba ambas posiciones como válidas y decretaba un Non Overlapping Magisteria en el que la ciencia tiene su puesto como guía del intelecto humano y la religión el suyo como guía del espíritu, conductora de la moral y salvadora de almas. Nuestro Papa validaba la teoría de Darwin, declaraba el Génesis como “bella metáfora” y nos mandaba a todos a ……. ser buenos y ganarnos el cielo.

Y así transcurrió nuestra media hora, en medio de nervios, tartamudeos y la infaltable comedia no intencional (le dieron un candelazo al Papa y se le resbaló a Tribilín la calavera, que no paró de rodar hasta que llegó al fondo del salón).

Ronda de aplausos, buena calificación, pero…. no ganamos. Fueron otros sí, los del grupo del “che peluca”  quienes con trajes y barbas de mejor calidad, y -ahora lo acepto-  mejor actuación, consiguieron un nítido diez de calificación, el derecho a presentarse ante mil personas en la semana cultural y el apoyo y consejos del padre Ramiro, ex-estudiante de dramaturgia y actuación, quien a punto estuvo de auto incluirse en el elenco.

Y guardé la simpática experiencia en el saco de las pequeñas derrotas, ahí al ladito del de las pequeñas victorias (hey, en basket sí le ganaba al che peluca), donde los recuerdos envejecen con el llegar de otros nuevos y languidecen los que no le interesarán a nadie como tema de conversación.

Y eso fue lo más cerca que estuve de sentir pasión por un tema relacionado con la biología. Vaya asignatura aburrida que me parecía. Vaya con el memorizarse palabritas de más de diez letras. Qué dolor de mano tener que responder con párrafos y caligrafía durante las pruebas. Que mitocondria aquí, que citoplasma allá, que los dibujos de las células con sus tripitas adentro. No, lo mío era la fría rigidez de los números, afrontar aquellos retos que comenzaban con “dos trenes parten de dos ciudades a una distancia X, el primero a una velocidad V y el segundo a 1/3 de V …”, y como respuesta presentar una cifra con sus decimales y unidades, contra los que nadie puede argumentar cuando estoy en lo cierto, y a los que no puedo defender si estoy equivocado. Ya había en casa suficientes memorias prodigiosas y prolijidad entre los cuadernos de mis hermanas. Mis cálculos y fea letra se me antojaban masculinos y decidí entonces ser ingeniero.

Muchos años después de aquello, revisito esa anécdota por un detalle que nunca había considerado antes. Como inherente es la propensión del ser humano al conflicto, nuestras caricaturas teatrales tuvieron las suyas: ¿qué tanta seriedad debemos imprimir a la actuación? -preguntaba alguien- ¿porqué tan corto o tan largo el tiempo? -cuestionaba otro- ¿porqué no me permiten traer una calavera de verdad? -imploraba otro-. Hasta el padre Ramiro preguntaba ¿porqué actúan tan mal? Pero nunca nadie expresó dudas sobre la validez de la Teoría de la Evolución. Y ahí había compañeros de todas las tendencias ideológicas, desde ultra derechistas hasta ultra izquierdistas, desde curas hasta individuos completamente desinteresados en religión. La posición ideológica individual era completamente irrelevante a la percepción que se tenía sobre la ciencia. Haber escuchado a alguien expresar dudas con respecto a la evolución hubiese sido equivalente a oírle decir que la tierra es plana. Era precisamente de esa mentalidad de antaño que nos estábamos mofando. Una carcajada habría sido la respuesta.

Llevo ahora en la boca un sabor a desencanto. Asumimos siempre que el vector del tiempo te lleva hacia mejores situaciones en cualquier aspecto. Crees que la edad media y la mojigatería no regresarán. Y sin embargo pisas ahora otro país, mil veces más grande y desarrollado, la Roma de nuestro tiempo, pero donde uno de cada dos ciudadanos cree que la tierra es plana … eh, quiero decir, cree que la evolución es falsa. Y me equivoco a propósito en la frase anterior porque para mí tanto valdría que creyeran plano el planeta y cargado por cuatro tortugas. Y no es que el falso escepticismo provenga de una sana posición epistémica derivada de nuevas hipótesis propuestas, tal como funciona la ciencia; no, el sabotaje al conocimiento viene de la visión dogmática y cerrada en la interpretación de un libro declarado sagrado. Nos dicen “tu ciencia es inválida e inmoral porque contradice lo escrito en el libro: que la tierra tiene 6,000 años y fuimos hechos de barro y de una costilla”. Y luego declaran que seremos juzgados no por nuestros actos, como recuerdo que se nos decía antes y en otro lugar, sino por nuestras creencias: “las llamas del infierno esperan a quien no crea en la tierra de 6,000 años, en culebras parlanchinas y en que se pueden meter todas las especies del mundo en un barco”, “crean un absurdo y se ganarán el cielo”, porque a Dios le interesa que sus criaturas no piensen ni usen la razón sino que acepten la interpretación de unos pocos de sus autodeclarados mensajeros. “Cree lo que yo digo, coloca el diezmo en mi sombrero y vota por el candidato que ha prometido sustituir la evolución con Adán y Eva en el programa de ciencias!”. Y así el creacionismo ha sido empujado en las gargantas a punta de temor y terror, sabiendo que los pueblos temerosos entregan fácil la libertad y el poder absoluto a los oportunistas. Temor a los extranjeros, temor a los inmigrantes, temor a la piel de otro color, temor a otras religiones, temor a la no religión, temor a la razón, temor a la ciencia, temor a arder para siempre en las llamas del infierno, tal es el mensaje de cada domingo.

Y como monolítico es el temor y la posición de esa mitad de la población, dividida es la actitud de la otra mitad sana. Para cuántos lo citado no es problema y no vale la pena dedicar esfuerzos en educar gente ineducable. Lo que nos deja a unos pocos millones de quijotes en franca minoría con el viejo sueño de una sociedad iluminada. A favor tenemos el consenso unánime de la comunidad científica y los percentiles más educados de la población; una constitución secular y una Primera Enmienda que establece la separación de iglesia y estado. En contra tenemos verdaderos imperios billonarios trabajando intensamente en maleducar a la población y transmitir el virus de la ignorancia a través del indoctrinamiento infantil; en contra tenemos cada diezmo tax-free utilizado en propaganda y cada político que descubre que no debe demostrar capacidad administrativa para ganar elecciones, sino devoción religiosa y desdén por la ciencia.

Y entonces pluma en ristre y a leer, aunque sea para educar a mis hijos que ya empiezan a oír que la tierra es plana. ¿Leer qué? ¡pues biología! mi desdeñada rama del conocimiento para la que ahora robo tiempo de donde no hay, y cuyos libros comienzan a abrirse paso en mi librera con todo y sus dibujos y sus tripitas por fuera. A descubrir ahora la elegancia que me perdí. La solidez de una teoría científica de 150 años que no ha hecho más que confirmarse con el paso del tiempo y la llegada de nuevos descubrimientos. La más atacada entre todas las ramas de la ciencia.

Me pregunto qué pasaría en este país si un maestro de escuela pública intentara montar con sus estudiantes la misma presentación que con mis compañeros montamos en nuestro colegio católico hace tantos años. Habría protestas de estudiantes y padres de familia que pedirían hasta la destitución del maestro, o del director si éste osa defender a aquél. Habría también uno que otro padre de familia defendiendo al maestro. Imagino el escándalo mediático y la histeria de los pastores de las iglesias vecinas a la escuela. Ya tendré oportunidad de comentar sobre sonados casos concretos.

¿Qué le parece padre Ramiro? Y pensar que usted quería hacer el papel de Charles Darwin.